A veces la vida
transcurre con “normalidad”.
Todo se da como esperamos. No hay enfermedad, ni problemas mayores, la economía del hogar está bien, el matrimonio es feliz, no hay hijos con “crisis” de ninguna clase, todo fluye armoniosamente. Pero, cuando menos lo esperamos, viene el “aterrador” cambio. Nos cambia la vida, el marido, un hijo, una misma; algo cambia y no “encaja” más en esa armonía. Viene la preocupación, la tristeza, “la desgracia”.
Todo se da como esperamos. No hay enfermedad, ni problemas mayores, la economía del hogar está bien, el matrimonio es feliz, no hay hijos con “crisis” de ninguna clase, todo fluye armoniosamente. Pero, cuando menos lo esperamos, viene el “aterrador” cambio. Nos cambia la vida, el marido, un hijo, una misma; algo cambia y no “encaja” más en esa armonía. Viene la preocupación, la tristeza, “la desgracia”.
¿¿¿¿Por qué???? ¿Por qué tiene que cambiarnos tanto la vida? ¿Por qué no puede funcionar bien y ser felices? ¿Por qué a mí? ¿Por qué ahora que todo estaba tan bien?
Nos aterramos, nos
encerramos, nos enojamos con todo el mundo, ...nos enojamos con Dios.
¿Es Dios el
culpable? “Todo estaba tan bien...” No creo que sea Dios el culpable. De veras, no lo creo.
Alguno te diría : ”son pruebas
que Dios te manda.” Yo le respondo que
Dios nunca te envía algo con lo que tú no puedas. Otro te dirá: ”quizás pagas por algunos
pecadillos que has cometido”. Tampoco lo
creo. Si fuera a pagar de esa manera por
los “pecadillos” cometidos, ¡ya estaría muerta!
Cuestionarle a Dios está
bien, estás en tu derecho por la fe. Si
no hay respuesta aparente, ...es “normal”.
Si nos enojamos con todo el mundo y hasta con Dios, así como
experimentar una rabieta, creo que también, nos es permitido. Dios es nuestro Padre y “soporta” una que
otra, sobre todo cuando sabe que las cosas no andan muy bien para sus hijos. Pero, ¡cuidado! Que esta rabieta no se convierta en
costumbre. Todo tiene un límite. Echar la culpa a Dios de todo lo que nos
sucede, tampoco es correcto. Y faltarle
al respeto, tampoco está bien.En esos momentos debemos preguntarnos ¿qué hice bien, qué hice mal, qué ...no hice? ¿Qué hizo el otro? Y si aún no podemos comprender, queda otro punto por considerar, ¿qué espera Dios de mí? (porque cada cual es responsable de sí mismo). Debemos preguntarnos ¿cómo debo tomar ésto? ¿Para qué será que Dios me envía ésto? ¿Qué me quiere decir Dios con ésto? ¿Qué puedo hacer yo para ayudar? ¿Realmente puedo con ésto sola?
Porque, según tenemos la
libertad para hacer y deshacer a nuestro gusto cuando tenemos la oportunidad,
también debemos tener inteligencia y humildad suficiente para aceptar sin mayor
“desgarro” espiritual, la voluntad de Dios.
Eso que resulta absolutamente incomprensible para nosotros los afectados
y para el resto de los humanos.
Se ha dicho que “Dios escribe
sobre lineas torcidas, caminos rectos”.
En una situación
negativa, se hace todo lo que humanamente está a nuestro alcance para resolver
y/o buscarle una solución al problema o a la situación. Todo.
Pero, ¿y si no podemos hacer ya nada más? ¿Qué hacer entonces?
Nosotros los seres
humanos queremos siempre tener el control de todo. Lamentablemente, no lo tenemos. Entonces, si ya no puedes hacer algo, déjalo
en manos de Dios.
Entrégale tu
problema. Pónlo todo en sus manos. ...Y déjalo actuar. Dale tiempo y espacio, dale libertad de
acción. Tú, no pudiste hacer ya
más. Déjalo actuar por tí, por
todos. ¡CONFÍA! Parece muy simple,
tonto, irracional ...sí, quizás así parece; pero es seguro. No hay otra solución aparente. Debes confiar. Solo eso te queda.
“Lo que es imposible para
el hombre, es posible para Dios.” Lucas 18: 27
Conozco a una persona,
que cuando estuvo en el “hoyo más profundo y oscuro” de toda su vida, luego de haber
agotado todas sus fuerzas intentando salir de allí; ...gritó, peleó, ofendió
con palabras y hasta le tiró, (literalmente), con un zapato a una imágen de Cristo
Rey que tenía; -con gran suerte para ella, no le acertó-, y le dijo al Señor:
“Tú me metiste en este cuento, (cosa que no era verdad...), te crees que me lo puedo; crees que tengo la capacidad para resolverlo, pues... ¡NO LA TENGO!!! Si crees que la tengo, ¡¡te equivocas!! No lo quiero y no lo acepto; ¡te lo devuelvo! A tí te lo entrego. Ahora tú tienes el problema en tus manos, yo no lo puedo resolver... Yo voy a dormir como un bebé esta noche y todas las noches, ¡tú lo vas a resolver! Yo voy a dormir...”
Y para hacer el cuento
corto, al amanecer del siguiente día, esa persona tuvo una idea y la puso en
práctica. Al día siguiente tuvo otra
idea, y también la puso en práctica. Y
así fue “sobreviviendo” en su situación y a sus problemas. Día tras día, idea tras idea, ...mientras
dormía. “Tú me metiste en este cuento, (cosa que no era verdad...), te crees que me lo puedo; crees que tengo la capacidad para resolverlo, pues... ¡NO LA TENGO!!! Si crees que la tengo, ¡¡te equivocas!! No lo quiero y no lo acepto; ¡te lo devuelvo! A tí te lo entrego. Ahora tú tienes el problema en tus manos, yo no lo puedo resolver... Yo voy a dormir como un bebé esta noche y todas las noches, ¡tú lo vas a resolver! Yo voy a dormir...”
¿Comprenden ustedes qué fue lo que sucedió en este
caso?
Sucedió que esa
frustrada, enojada, llena de problemas, con hijos, casa y demás
responsabilidades, sola mujer, sin saberlo en el momento, “simple
y llanamente” se entregó a la voluntad de Dios.
Le dió toda su voluntad, en medio de su desesperación, a Dios. Se entregó completamente a Él, como un corderito,
sin más resistencia, sin reservas y ...sin saberlo. Y
quizás por su desprendimiento del poder sobre sí misma, por su absoluta
entrega, por su fe; el Señor lo aceptó.
Se compadeció de ella y le ayudó.
Dia a día, idea tras idea...
Y la fe de esta mujer
jamás flaqueó, ni en el peor de los momentos, en lo más mínimo, mas bien fue
cada día mayor.
Pero, ella se dió cuenta
de todo esto, mucho después. Y su fé ...aún crece.



