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domingo, 10 de junio de 2012


La Santa Voluntad de Dios

El Señor es muy determinado, (por no decir “voluntarioso”).  Ya lo tengo “fichado”...  Nada pasa sin una razón.  Todo pasa por algo...  Creo que siempre es por nuestro bien, eso creo.  Por lo tanto, todo trae “colita”...
Se dice que Dios escribe con lineas torcidas, caminos rectos.  Cuán torcidas, o retorcidas, no lo sé.  Pero, si sé que todo trae “colita”.

Ah, pero nos queda el “libre albedrío”, (situación que me encanta).  Es algo así como si te preguntaran, ¿lo quieres con dolor ó sin él?  ¿cuánto dolor deseas (estás dispuesto) a soportar?  Eso sí, estás haciendo tu voluntad...nó la de Dios. 

¿Por qué dolor, se puede preguntar uno?   Porque si algo tiene que pasar por nuestro propio bien, pasará; nos guste o nó.  Lo quieras o nó; lo comprendas en el momento, o nó.  La mayoría de las veces, se comprende mucho después, cuando logramos hacer una retrospectiva.
Es eso que llaman la Voluntad de Dios.  Jamás es para nuestro mal, jamás.  Aunque al principio lo parezca.  Pero, si te resistes a ella, te dolerá más...

“...Nosotros somos piedras, sillares,  que se mueven, que se sienten, que tienen una libérrima voluntad.
Dios mismo es el cantero que nos quita las esquinas, arreglándonos, modificándonos, según El desea, a golpe de martillo y de cincel.
No querramos apartarnos, no querramos esquivar su Voluntad, porque, de cualquier modo, no podremos esquivar los golpes.  –Sufriremos más e inútilmente, y en lugar de la piedra pulida y dispuesta para edificar, seremos un montón informe de grava que pisarán las gentes con desprecio.”  1
Si te dejas llevar, Él te lleva y ya pasará.  Todo pasa.  Esta es una verdad innegable.  ¡Comprobado!   El "secreto" es dejarse llevar por Dios, sin resistencia...  

¿Cómo saber cuándo debo actuar, qué hacer, y cuándo me dejo llevar????   
Ésa es la gran pregunta.  La diaria lucha entre nuestro albedrío y la Voluntad de Dios.  Estoy segura que ese conocimiento, nos viene del mismo Dios.  Del Espíritu Santo, que es Dios.  De nuestra fé, de nuestro amor hacia Él, de nuestra entrega; depende si lo “escuchamos cuando nos habla” o nó.  Eso sí, no siempre nos habla con palabras...

¿Cuántas veces no hemos tratado con todas las fuerzas y medios habidos, de hacer algo que deseamos, o quizás de evitar algo que tememos y rechazamos; que se nos “viene encima”?  Y a la verdad, no podemos lograrlo, o no pudimos evitarlo.  Vino, creemos haber fracasado, pero, pasó sin más.  ¿Qué hacer entonces, cuando tratas muy duro y no lo logras?  ¿Cuál será la respuesta? 
Entrega  sin resistencia, no es fácil.  Resistencia sin dolor, tampoco.  Entonces, cómo  saber  qué elegir, cuándo?  Solo confiando en el Señor.  Rogándole en la Oración a diario, acercándonos a Él, acercándonos a los Sacramentos, confiando en Él, pidiéndole que nos ilumine, que nos guie.  A diario, siempre, en todo.  Pon todo en sus manos,  y déjalo actuar.  Consúltale, háblale, como lo harías con tu mejor amigo. 

“ Si me conviene”...esa expresión tan simple, no es fácil de aceptar.  Por lo tanto, hay que confiar en Él, plenamente.  No es fácil, pero con el ejercicio diario de la Oración2, nos va llegando la fuerza y sobre todo, la claridad de pensamiento, que precede a la acción correcta.  
No hay compañía más estimulante, consejo más certero, ni amigo más fiel.  Y todo ésto en el más absoluto silencio, intimidad, brindándonos paz y entregándonos Su infinito y más puro amor.  Formándose un duo invencible, el tuyo con Dios. 

Dejarse guiar por Él, hacia el Padre, por los caminos que nos quiera llevar, cuando Él quiere, y como lo quiere; ...hasta que llegue el día en que nos podamos ver reflejados en sus pupilas...

Escrito por:

1-  Artículo 756 pág. 228, Capítulo la Voluntad de Dios del libro: Camino, de Josémaría Escrivá de Balaguer
Ed. Proa, Santiago, Chile
Nota:  Este libro fué determinante en mi fe.  Me costó comprenderlo, pero valió la pena el esfuerzo.
2-  Oración:  Puedes ayudarte con libros y manuales de las oraciones de la Iglesia Católica; el Santo Rosario bien rezado, es un medio muy poderoso, por la contemplación de sus Misterios, que son un recuento de la vida misma de nuestro Señor Jesucristo. 
Pero, también se puede hacer Oración, conversando con el Señor.  Expresándole tus sentimientos hacia Él, tus temores y aprehensiones... Agradeciéndole todo cuanto tenemos...

sábado, 28 de abril de 2012

DÍA A DÍA...IDEA TRAS IDEA...


A veces la vida transcurre con “normalidad”. 
Todo se da como esperamos.  No hay enfermedad, ni problemas mayores, la economía del hogar está bien, el matrimonio es feliz, no hay hijos con “crisis” de ninguna clase, todo fluye armoniosamente.  
Pero, cuando menos lo esperamos, viene el “aterrador” cambio.   Nos cambia la vida, el marido, un hijo, una misma; algo cambia y no “encaja” más en esa armonía.  Viene la preocupación, la tristeza, “la desgracia”.

¿¿¿¿Por qué???? ¿Por qué tiene que cambiarnos tanto la vida?  ¿Por qué no puede funcionar bien y ser felices?  ¿Por qué a mí?  ¿Por qué ahora que todo estaba tan bien?

Nos aterramos, nos encerramos, nos enojamos con todo el mundo, ...nos enojamos con Dios.
¿Es Dios el culpable?  “Todo estaba tan bien...”  No creo que sea Dios el culpable.  De veras, no lo creo.

Alguno te diría : ”son pruebas que Dios te manda.”  Yo le respondo que Dios nunca te envía algo con lo que tú no puedas.  Otro te dirá: ”quizás pagas por algunos pecadillos que has cometido”.  Tampoco lo creo.  Si fuera a pagar de esa manera por los “pecadillos” cometidos, ¡ya estaría muerta! 
Cuestionarle a Dios está bien, estás en tu derecho por la fe.  Si no hay respuesta aparente, ...es “normal”.    Si nos enojamos con todo el mundo y hasta con Dios, así como experimentar una rabieta, creo que también, nos es permitido.  Dios es nuestro Padre y “soporta” una que otra, sobre todo cuando sabe que las cosas no andan muy bien para sus hijos.  Pero, ¡cuidado!  Que esta rabieta no se convierta en costumbre.  Todo tiene un límite.  Echar la culpa a Dios de todo lo que nos sucede, tampoco es correcto.  Y faltarle al respeto, tampoco está bien.

En esos momentos debemos preguntarnos ¿qué hice bien, qué hice mal, qué ...no hice?  ¿Qué hizo el otro?  Y si aún no podemos comprender, queda otro punto por considerar, ¿qué espera Dios de mí? (porque cada cual es responsable de sí mismo).  Debemos preguntarnos ¿cómo debo tomar ésto?  ¿Para qué será que Dios me envía ésto? ¿Qué me quiere decir Dios con ésto?  ¿Qué puedo hacer yo para ayudar?  ¿Realmente puedo con ésto sola?

Porque, según tenemos la libertad para hacer y deshacer a nuestro gusto cuando tenemos la oportunidad, también debemos tener inteligencia y humildad suficiente para aceptar sin mayor “desgarro” espiritual, la voluntad de Dios.  Eso que resulta absolutamente incomprensible para nosotros los afectados y para el resto de los humanos.
Se ha dicho que “Dios escribe sobre lineas torcidas, caminos rectos”.

En una situación negativa, se hace todo lo que humanamente está a nuestro alcance para resolver y/o buscarle una solución al problema o a la situación.  Todo.  Pero, ¿y si no podemos hacer ya nada más?  ¿Qué hacer entonces? 
Nosotros los seres humanos queremos siempre tener el control de todo.  Lamentablemente, no lo tenemos.  Entonces, si ya no puedes hacer algo, déjalo en manos de Dios. 

Entrégale tu problema.  Pónlo todo en sus manos.  ...Y déjalo actuar.  Dale tiempo y espacio, dale libertad de acción.  Tú, no pudiste hacer ya más.  Déjalo actuar por tí, por todos.  ¡CONFÍA! Parece muy simple, tonto, irracional ...sí, quizás así parece; pero es seguro.  No hay otra solución aparente.  Debes confiar.  Solo eso te queda. 
“Lo que es imposible para el hombre, es posible para Dios.” Lucas 18: 27

Conozco a una persona, que cuando estuvo en el “hoyo más profundo y oscuro” de toda su vida, luego de haber agotado todas sus fuerzas intentando salir de allí; ...gritó, peleó, ofendió con palabras y hasta le tiró, (literalmente), con un zapato a una imágen de Cristo Rey que tenía; -con gran suerte para ella, no le acertó-,  y le dijo al Señor:
“Tú me metiste en este cuento, (cosa que no era verdad...), te crees que me lo puedo; crees que tengo la capacidad para resolverlo, pues... ¡NO LA TENGO!!!  Si crees que la tengo, ¡¡te equivocas!!  No lo quiero y no lo acepto; ¡te lo devuelvo!  A tí te lo entrego.  Ahora tú tienes el problema en tus manos, yo no lo puedo resolver... Yo voy a dormir como un bebé esta noche y todas las noches, ¡tú lo vas a resolver!  Yo voy a dormir...”
Y para hacer el cuento corto, al amanecer del siguiente día, esa persona tuvo una idea y la puso en práctica.  Al día siguiente tuvo otra idea, y también la puso en práctica.  Y así fue “sobreviviendo” en su situación y a sus problemas.  Día tras día, idea tras idea, ...mientras dormía.

¿Comprenden ustedes qué fue lo que sucedió en este caso? 
Sucedió que esa frustrada, enojada, llena de problemas, con hijos, casa y demás responsabilidades, sola mujer, sin saberlo en el momento, “simple y llanamente” se entregó a la voluntad de Dios.  Le dió toda su voluntad, en medio de su desesperación, a Dios.  Se entregó completamente a Él, como un corderito, sin más resistencia, sin reservas y ...sin saberlo.   Y quizás por su desprendimiento del poder sobre sí misma, por su absoluta entrega, por su fe; el Señor lo aceptó.  Se compadeció de ella y le ayudó.  Dia a día, idea tras idea...

Y la fe de esta mujer jamás flaqueó, ni en el peor de los momentos, en lo más mínimo, mas bien fue cada día mayor.
Pero, ella se dió cuenta de todo esto, mucho después. 

 Y su fé ...aún crece.




miércoles, 6 de julio de 2011

Gracias Señor



Gracias Señor,
por el inmenso e inmerecido amor que me tienes.
Gracias por permitirme conocerte.
Gracias por elegirme y regalarme el don maravilloso
de una gran Fe. Gracias, por darme la capacidad de comprender y poder ayudar a otros, en silencio   ...en Tu Nombre.
Gracias por darme la fuerza y el valor de no callar ante las injusticias, o ante las expresiones incongruentes, que solo confunden y distancian a los que tienen la esperanza de conocerte.
Házme Señor, un verdadero
instrumento de tu Fe.
...Y gracias por el sufrimiento, que muchas veces eso produce.
Por los desaires y desprecios, que me hacen;
porque,
perdonándoles, me acerco más a tí.
Gracias por la vida, la familia, los amigos.
En especial, por esos que luchan junto a mí, por la mutua superación
y no me abandonan, por ello.

Gracias infinitas, por permitirme Tenerte.
Señor, nunca te apartes de mí.
 
© Carmen Hurtado                        ÷