Sin Dios en nuestras
vidas no podemos ser realmente felices.
Dios es TODO. Todo lo positivo viene
de Él, la paz, la armonía, la complacencia, el amor. Sin Dios, tenemos una “seudofelicidad”, algo
no real, que no dura ni nos llena. Dura
poco, es...momentanea, frágil a la desilución, a la inconformidad. Llega de inmediato, por una u otra situación,
pero es fugaz, casi una ilusión. Se
esfuma de inmediato dejándonos vacios, inconformes, desilucionados. Porque
la verdadera felicidad, que dura, que nos llena, ...solo viene de Dios.
No se puede ser cristiano
o católico “de domingo”. La fe se vive
diariamente, es consecuente. Nuestras
acciones demuestran lo que pensamos lo que sentimos, lo que realmente queremos,
lo que somos. Por lo tanto, una fe “dominguera”
no nos sirve. Hay que vivir la fe cada
día en cada una de nuestras acciones.
Poniendo en práctica diariamente
lo que nos enseña la doctrina cristiana, según Cristo nos habló. Alejando así para siempre
la falsedad, la iniquidad, cerrando herméticamente la puerta de nuestro
corazón, de nuestros hogares, ...a lo negativo, a lo que nos daña.
¿Y qué fue lo más
importante de todo lo que Cristo nos dijo...?
Fue aquello, cuando nos habló de su nuevo mandamiento: “Amar a Dios sobre todas las cosas...y al
prójimo como a tí mismo”. Él nos entregó
una Nueva Alianza con Dios, su Padre. A
pesar de nuestros pecados, de nuestra vida imperfecta. Él, no pretende que seamos perfectos, Él sabe
que somos solo humanos. Pero, sí espera que tratemos de ser cada día
mejores personas, mejores esposos, mejores amigos, mejores padres e hijos,
mejor vecino ...mejores. “Hacer el bien
sin mirar a quién”, por ejemplo.
Entregar amor a todos, en especial a los que conviven con nosotros. Tratar de hacer la vida más fácil, más
llevadera, al que más lo necesite. A todos,
todos los días. Poniendo así un granito
de arena para hacer un mundo mejor para
nuestros hijos, para nuestras futuras generaciones.
¿Pero, y si no lo
hago? ¿En qué cambia mi vida, la de mi
familia, la de los demás? ¿Por qué tengo yo que
tomarme esa molestia? “Qué me importa lo
que le pase a otro.”
Si no queremos seguir las
enseñanzas y los valores santos, cristianos, si no nos importa ser mejores como
personas: más comprensivos, compasivos; entonces, habremos cerrado la puerta a Dios
y de manera automática, sin que lo invites, llega con su reino,- el maligno. Ése que todo lo que trae es falso, fugaz, destructivo,
imposibilitando nuestro crecimiento espiritual, nuestro bien verdadero. Solo nos confunde, nos ilusiona, nos
estimula, llevándonos de inmediato a la desilusión, al desengaño, al
descontento, a la frustración...a la rabia; destruyéndonos y destruyendo todo lo que hemos
construído, lo que tenemos, lo que amamos y ...a nosotros mismos.
Cerrar la puerta A Dios,
te encierra, te acorrala, te destruye.
Solo Dios te libera, te hace ver las cosas en su verdadera dimensión, no
engaña ni ilusiona, nos ayuda.
Nos entrega luz, visión clara, logrando la real perspectiva con relación a nosotros y lo que amamos. Dios trae paz, sociego, felicidad. Él jamás nos envía angustia ni sufrimiento.
Nos entrega luz, visión clara, logrando la real perspectiva con relación a nosotros y lo que amamos. Dios trae paz, sociego, felicidad. Él jamás nos envía angustia ni sufrimiento.
Él nos desea felices. Somos nosotros mismos, los seres humanos, que
decidimos qué y cómo hacemos las cosas, afectándo no solo nuestras vidas, también
la de toda nuestra familia. No siempre
hacemos lo correcto. Somos dominantes,
controladores, a veces obsesivos. Todo
lo queremos según nuestro parecer... Y al “no tener” a Dios cerca de nosotros, porque no lo queremos; entonces somos
...banquete para el maligno.


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