Cuando los hijos están cerca, nos quejamos de que no les vemos lo suficiente, que no se acuerdan de nosotros, que no llaman, que no vienen, y otros cuentos más...
¿Y ...cuando los tenemos lejos????? ¡Eso sí que es calamidad!
¡Cómo me gustaría que más seguido que “de repente”, sonara el teléfono y escuchara la voz de uno de mis hijos, ...o de mis nietos! ¡Cuando ocurre, se abre el cielo para mí!
¿Es justo lo que deseo? ¿No será que cuando somos “hijos” a nosotros también, se nos escapaban ...los momentos?
Si un padre “pide” mucho, pareciera que le dan menos... ¿Pero, habrá un padre que no desee la proximidad de sus hijos? Sería muy raro. De todos modos, ¡ésa no soy yo!
Hijos, acérquence más a sus padres. Mímenlos, acarícienlos, como les gustaba que ellos lo hicieran cuando ustedes eran chicos. Vean todo lo bueno que les entregaron. ¿Y lo malo? Porque no somos perfectos, ...ni sabios. Pues opino que a pesar de no haber “padres perfectos”; porque, NO LOS HAY; cada padre trata de entregar lo mejor que tiene, a sus hijos.
Que fué muy exigente, que fué rudo, que no fue... O lo que és peor, ¿qué hizo y qué no hizo? Y mucho peor aún, ¿que hizo incorrecto? ¿Pudo haberlo hecho mejor? Por supuesto que sí,
...o puede que no.
...o puede que no.
¿Acaso existe uno que pueda decir que en su vida todo es perfección? La perfección no es característica del hombre, solo de Dios. Tratamos, sí, pero no somos. Lo importante es tratar, intentarlo. ...Que no pude, que no estuve, que no fue, que se hubiera podido...
A la verdad que la vida no siempre se presenta como nos la imaginamos, o como mejor nos gustaría. “El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.” Esa ha sido la respuesta de Jesús. Y debe ser la nuestra. Para con los hijos, para con los padres, para con todos.
¿Acaso somos jueces? ¿Tenemos derecho a juzgar? “Con la vara que juzgues, serás juzgado.” ¡Tremenda sentencia!
Amor, comprensión, perdón... Sacar moralejas de la experiencia ajena, (si eso fuera posible).
La capacidad de ponernos en el lugar de otro, de tratar de sentir lo que siente, de entender los “por qués”, de tratar de no condenar, sino de pensar, de sentir como lo hizo el otro en tal o cuál circunstancia. ¡Qué diferente sería la vida! ...Para todos.
Misericordia, piedad, palabras que suenan a viento, pero de ser escuchadas y puestas en práctica, acercarían al hombre un paso más hacia Dios.


1 comentario:
Me encanta la foto que acompaña esta lectura! Además, me hizo tomar el teléfono para saludar a mis padres! :)
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