viernes, 22 de julio de 2011

La Caridad NoTiene Cara Ni Nombre

Cuando la nobleza de un corazón herido es tan grande, que su capacidad de amor y entrega superan el dolor; ése es un corazón preferido y muy amado por el Señor.
¿Qué podría negar Dios a semejante corazón?
¿Qué no serían capaces de lograr esas lágrimas derramadas por sincera compasión? La fuerza de un corazón así supera el temor al ridículo, quita el miedo.
Su entrega, su ruego, es escuchado por todo el Cielo.
Nada le será negado, pues Dios mismo, por el noble gesto de ese corazón, ya ha sido agradado.

“Duerme en los brazos del Señor”

Cuando en la vida lo que esperamos no quiere suceder, cuando todo pareciera que no anda tan bien, no te desesperes, ni rabies, no sufras, confía en el Señor,
confía en Jesús.
Alguien dijo:
”Dios siempre tiene tres respuestas”:
                                         “Sí”;
                                         “Ahora no, más adelante” o
                                         “Tengo pensado algo mejor para tí.”
¿No te parece maravilloso? 
Aquél que conoce lo que sí nos conviene, que conoce nuestras necesidades;   ¡ya tiene algo preparado para nosotros!
¡Confía, déjate llevar, alégrate que Alguien Todopoderoso,
ya pensó en tí y te tiene preparado algo mejor!
Pídele ideas para tu mente, palabras en tus labios, y sensaciones en tu corazón.  Que abra y cierre puertas para tí.  Que ilumine tu camino para que llegues a donde debes llegar.  
¡Él lo resolverá para tí!
¡Cuán grande es nuestro Señor!  ¡Cuán diligente y generoso!
Confía, déjate llevar, duerme tranquila en sus brazos.  Y verás como todo anda, aunque sea en una dirección en la cuál,
¡ni siquiera pudiste soñar!

sábado, 9 de julio de 2011

Hoy vengo a agradecerte, Señor

Cada favor que me has hecho en estos días y en toda mi vida.
Te agradezco lo que me has dado, lo que me has quitado , lo que me darás y lo que nunca veré, pues Tú sabes mejor que yo, lo que me conviene.
Pero, muy por encima de todo, te agradezco los dolores producidos por situaciones y circunstancias, donde no he tenido el poder de cambiar.
Te agradezco cada lágrima derramada por mis hijos, familia, amigos.   Cada noche que he pasado en vela a causa de preocupaciones, desengaños o frustración. 
Te agradezco mis angustias, penas y todo padecimiento.
Te lo agradezco todo, en especial, el apoyo que me has dado, tu hombro donde he llorado, la mano que me has tendido.  La puerta que has abierto para mí, y la que me has cerrado.
Agradezco infinitamente el aumento incesante de mi Fe.  El haberme sentido siempre acompañada, sabiendo que estabas ahí, siempre junto a mí.  Sabiendo que cada cosa sucede por algo y cada una de ellas me acerca más a Tí.
Saber que comparto contigo un poquito de aquél desgarro de corazón que sufriste por mí en tu Pasión.  Reconozco que nada compara con el dolor de quién entrega su vida a favor de aquellos que le condenan.
Por tal gesto, por tu gran valentía al aceptar la Santa Voluntad de tu Padre, por el  inmenso Amor  que todo aquello significó, una vez más te digo GRACIAS SEÑOR.

Danos Señor un corazón honesto

Muchas veces nos confundimos con los gestos y las acciones  de las personas.  No podemos conocer sus intenciones, es cierto.  Creémos simplemente lo que vemos, lo que escuchamos y hasta llegamos a creerlo, a repetirlo.  ¿Cómo podríamos saber la verdad de cada cuál?  No podemos.  Pero, Tú Señor, Tú sí puedes.  A Tí no te confunden, Tú todo lo sabes y conoces lo que cada uno de nosotros lleva en su  corazón.   Conoces nuestros sufrimientos, nuestros temores, ese dolor que callamos y no sabemos como sanar.  También, conoces nuestros rencores, esos resentimientos que no podemos arrancar de nuestro corazón enfermo de tanta malicia,  de... ¿celos y envidias? 
¡Cuánta falta de honestidad y amor al prójimo!  Amor de verdad, como el que Tú nos das.  Limpio, puro, sincero, claro.  Ese amor que nos pides a través de tus prédicas, durante toda tu vida terrena.  ¿Cómo poder superar nuestra mezquindad?  Solo somos humanos.  ¿Es esa simple respuesta, la única?
Oh, Señor misericordioso, Todopoderoso, ayúdanos, pues a cambiar nuestros corazones.  Ilumínamos con tu Gracia, con tu luz, con tu amor y sobre todo con esa paz, que solo Tú puedes entregar.  Y seremos sanos, honestos, verdaderos amigos, padres, esposos.  Y solo entonces, estaremos preparados para hablar en Tu Nombre.  Solo entonces, comenzaremos a reflejar Tu Luz.
“Todo puedo en Cristo que me fortalece.” (Filp. 4, 13)


Reflexión: El Egoísmo Ciega

No comprendemos cuando alguien, con unas palabras o un pequeño gesto, que ni esperamos, nos entrega simplemente amor.   Estamos ciegos, no podemos apreciar las pequeñas muestras de amor.   Ya no las vemos.  Amamos sí, a los nuestros;  mucho, quizás,  “con todo el corazón”.  Pero no podemos ver el amor que se nos entrega gratuitamente.  Ese amor desinterezado, no lo reconocemos.  ¿Será ...que no lo conocemos?
Cuando alguien nos entrega una palabra, un gesto que no esperamos, no lo podemos comprender, por lo tanto, menos lo podríamos agradecer.  Si alguien nos regala algo, por pequeño que sea, algo que quizás trajo con amor para los demás, simplemente porque pensó en ellos estando lejos, en otro lugar, muchas veces no lo entendemos correctamente.  ¿Qué querrá esta persona?  ¿Por qué me regala ésto?  “Ahora quiere comprometerme dándome ésto.” 
“No regales tanto”, escuché una vez, “ya te pareces a _____, que compra la gente con regalos.”  ¡Qué barbaridad!  pensé yo, pero no fuí capáz de responderle algo que la hiciera “ubicarse”.  “El ladrón juzga por su condición” dice el refrán popular.
Hemos perdido la sensibilidad, esa facultad que nos permite percibir las cosas simples.  Buscamos razones, para librarnos, en seguida, de cualquier posibilidad de comprometernos.
 
Estamos incapacitados de reconocer un corazón bondadoso,  generoso.  Sencillamente, porque nosotros no somos así, no sentimos así.  “Si alguien me entrega algo, es por algo.”  Ese es el pensamiento común.  Pero, la verdad es que no siempre es así.  Aún existen personas que son capaces de entregar algo y hasta de entregarse, simple y llanamente por amor.  
¿Y cómo puede ser éso?  Entregarse a alguien que no es familia , ni amigo; “porque ella, nó es mi amiga... ”  Entonces, se preguntan, ¿Qué quiere? ¿Qué busca con éso? ¿Por qué lo hace?

¡Qué pobreza de sentimientos!   Digo yo.  Cuán grande es nuestra necesidad de amor que ni podemos pensar que exista alguien así.

El verdadero amor al prójimo no necesita razones para manifestarse.  Solo necesita sentirse.  Sentir una urgencia interior de sacar lo que llevamos por dentro.  Eso que hincha el corazón con deseos de dar, de crear para otros, de entregar lo mejor de uno mismo.  Solo por entregarlo, ya éso es recompensa.

El verdadero amor es entregar sin esperar nada a cambio.   Amar es dar lo nuestro , nó lo que sobra, ni lo que nos regalan; dar lo propio, aquello que nos costó.
Amor es sentir felicidad al dar.  Amor es querer ser amigo de todos, sin importar nombres o posiciones.  Amor es compartir con todos, lo mucho, lo poco.  Amor es amistad.   Amor es recibir a todos.  Amor es enseñar algo bueno a otro que lo desconoce.  Amor es tolerar.  Amor es perdonar.  Amor es reconciliación verdadera.  Amor es comenzar.  Amor es continuar.  Amor significa, más de uno, es muchos más.  Amor es nunca terminar, nunca cansarse de entregar.  Amor es contar  lo que sabemos de Dios.  Expresar sin temor lo que sentimos por Dios y su Hijo.  
Amor es no importarnos lo que piensen los demás de nuestra entrega  ... y continuar  entregando más.

viernes, 8 de julio de 2011

Me Tienes

Se abre el infinito,
se mueven las estrellas,
es que Tú Señor,
caminas entre ellas.
Por redimirme
moriste en una cruz.
Como ladrón te trataron, te golpearon, te escupieron.  De tus vestidos te despojaron
y con clavos tus huesos trituraron.
Y moriste,  Señor.  ...Por mí, moriste.
Mas sin embargo perdonas.
Compasivo los miras; temiendo el merecido
que con tal brutalidad, recibirían.
Y hoy tan tranquilo, a mí me miras,
como si todo aquello, jamás hubiera pasado.
Unas palabras mías a diario esperas,
como si de ello, toda tu felicidad dependiera.
Yo tan pobre e insignificante...
Tú, Dios todopoderoso ...por mí esperas.
Ya no esperes más, mi Dios amado...
me tienes.
Aunque no pudiera hablar, me escucharías.
Tanto tengo que decirte, que hasta en sueños te hablaría.
Gracias Señor por tanto amor, tanta misericordia.
Sabes que sin Tí, nada sería.
Aunque ya no pudiera hablar,
cada latido de mi corazón te lo confirmaría.


miércoles, 6 de julio de 2011

Gracias Señor



Gracias Señor,
por el inmenso e inmerecido amor que me tienes.
Gracias por permitirme conocerte.
Gracias por elegirme y regalarme el don maravilloso
de una gran Fe. Gracias, por darme la capacidad de comprender y poder ayudar a otros, en silencio   ...en Tu Nombre.
Gracias por darme la fuerza y el valor de no callar ante las injusticias, o ante las expresiones incongruentes, que solo confunden y distancian a los que tienen la esperanza de conocerte.
Házme Señor, un verdadero
instrumento de tu Fe.
...Y gracias por el sufrimiento, que muchas veces eso produce.
Por los desaires y desprecios, que me hacen;
porque,
perdonándoles, me acerco más a tí.
Gracias por la vida, la familia, los amigos.
En especial, por esos que luchan junto a mí, por la mutua superación
y no me abandonan, por ello.

Gracias infinitas, por permitirme Tenerte.
Señor, nunca te apartes de mí.
 
© Carmen Hurtado                        ÷