sábado, 9 de julio de 2011

Danos Señor un corazón honesto

Muchas veces nos confundimos con los gestos y las acciones  de las personas.  No podemos conocer sus intenciones, es cierto.  Creémos simplemente lo que vemos, lo que escuchamos y hasta llegamos a creerlo, a repetirlo.  ¿Cómo podríamos saber la verdad de cada cuál?  No podemos.  Pero, Tú Señor, Tú sí puedes.  A Tí no te confunden, Tú todo lo sabes y conoces lo que cada uno de nosotros lleva en su  corazón.   Conoces nuestros sufrimientos, nuestros temores, ese dolor que callamos y no sabemos como sanar.  También, conoces nuestros rencores, esos resentimientos que no podemos arrancar de nuestro corazón enfermo de tanta malicia,  de... ¿celos y envidias? 
¡Cuánta falta de honestidad y amor al prójimo!  Amor de verdad, como el que Tú nos das.  Limpio, puro, sincero, claro.  Ese amor que nos pides a través de tus prédicas, durante toda tu vida terrena.  ¿Cómo poder superar nuestra mezquindad?  Solo somos humanos.  ¿Es esa simple respuesta, la única?
Oh, Señor misericordioso, Todopoderoso, ayúdanos, pues a cambiar nuestros corazones.  Ilumínamos con tu Gracia, con tu luz, con tu amor y sobre todo con esa paz, que solo Tú puedes entregar.  Y seremos sanos, honestos, verdaderos amigos, padres, esposos.  Y solo entonces, estaremos preparados para hablar en Tu Nombre.  Solo entonces, comenzaremos a reflejar Tu Luz.
“Todo puedo en Cristo que me fortalece.” (Filp. 4, 13)


No hay comentarios: